La comisión propone una serie de 12 recomendaciones para mejorar la evaluación del desempeño económico en una economía compleja. Conceptualmente sugiere un desplazamiento de las mediciones sobre producción hacia las mediciones sobre el bienestar de la población.
Concretamente recomienda mirar los ingresos y el consumo - en lugar de la producción - cuando evaluamos el bienestar material, considerándolos incluso conjuntamente con la riqueza y enfatizando la perspectiva de los hogares.
Para medir correctamente el bienestar de las personas y las familias, el informe propone también ampliar las medidas de ingreso per cápita y de los hogares incluyendo las actividades que están fuera del mercado.
Además de medir el bienestar material (representado por el ingreso el consumo y la riqueza) deberían considerarse indicadores que reflejen la incidencia de factores tales como la salud, la educación, las actividades personales – incluido el trabajo – conexiones sociales y relaciones, las condiciones presentes y futuras del medioambiente y la inseguridad económica y física.
En todos los casos se propone tomar muy en cuenta los indicadores de desigualdad.
Es muy posible que la gente tome en cuenta estas variables e indicadores cuando contrapone sus "sensaciones" a los resultados de las mediciones oficiales sobre bienestar. Y es por eso, y no por otra cosa, que siente que su situación ha empeorado aun cuando los indicadores económicos tradicionales muestran mejoras.